¿Llegó el fin a los estímulos monetarios? ¡A invertir!

El viernes pasado en su exposición durante el simposio de Jackson Hole, el presidente de la Reserva Federal (Fed) estadounidense, Jerome Powell, dejó entrever que este año podemos esperar el inicio del “tapering”, es decir, del retiro de estímulos de inyección monetaria a la economía estadounidense (y mundial).

Aunque no habló de plazos precisos es muy probable que en la próxima reunión del Comité de Mercado Abierto (FOMC, por sus siglas en inglés) en septiembre tengamos el anuncio de las fechas y montos que dejarán de inyectarse mes con mes como parte de su programa de “flexibilización cuantitativa” (QE).

Recordemos que estos estímulos “QE” fueron lanzados para contrarrestar el desplome económico provocado por el cierre forzoso decretado por casi todos los gobiernos del planeta ante la pandemia de COVID-19. 

El 15 de marzo del año pasado la Fed informó que compraría 500 mil millones de dólares (mdd) en bonos del Tesoro estadounidense y 200 mil mdd en activos respaldados por hipotecas (MBS). Sin embargo, para el 23 de marzo expandió el QE a “un monto ilimitado” y el 10 de junio estableció que sus compras de activos ascenderían a 120 mil mdd mensuales: 80 mil mdd en bonos del Tesoro y 40 mil mdd en MBS.

En el gráfico inferior puede apreciarse con claridad cómo y cuánto se ha disparado la hoja de balance de la Fed al corte del 16 de agosto de 2021, que hace lucir la entonces histórica inyección de liquidez de la crisis 2008 – 2009 como pequeña en comparación:

 

¿Cómo operan los estímulos de la Fed?

El banco central al pagar los activos que compra en el mercado (bonos y activos respaldados por hipotecas) introduce una oleada de dólares frescos a la economía con la intención de que sus nuevos tenedores los gasten, presten o inviertan financiera y productivamente.

Esa liquidez que fluye de grandes bancos e inversionistas institucionales hacia abajo es responsable de la “inflación” (subida de precios) que hemos visto en activos de todo tipo, desde bienes raíces y acciones bursátiles hasta materias primas y criptomonedas, que son compradas con avidez por parte de inversores de todo tipo y tamaño.

Por supuesto, la lógica aparente es que la Fed al comenzar a disminuir los estímulos provocará el efecto contrario, esto es, caídas graves en los mercados previamente inflados. Si bien NO es imposible que suceda, debemos tener cuidado de no caer en razonamientos simplistas y entender que las bajas serían sólo correcciones temporales.

El propio Powell reconoce esto al subrayar que incluso cuando la Fed reduzca sus compras de activos va a mantener aún una gran cantidad de estímulo en la economía. La liquidez ya existente no va a desaparecer así como así. Dicho de otro modo: no es lo mismo dejar de “imprimir” dinero extraordinario que comenzar a contraer la oferta monetaria.

Por si esto fuera poco, Powell reiteró que no tienen ninguna prisa por subir las tasas de interés de referencia desde su rango objetivo actual de 0.0 a 0.25 por ciento, y que no reaccionarán a presiones inflacionarias que sigue considerando “temporales”.

En este espacio hemos explicado en entregas anteriores que a causa de las miles de empresas que ya no están ahí para reabrir y ofrecer los bienes y servicios que brindaban antes de la pandemia, la demanda provocada por el regreso a las actividades sumada a los estímulos monetarios y fiscales (gasto gubernamental) seguirá presionando los precios al alza. Esto abona a nuestro argumento de que las caídas en los mercados, si se presentan, serán de corta duración.

Y es que las tasas de interés reales, que se obtienen restando la tasa de inflación de los rendimientos nominales de los bonos, seguirán manteniéndose por mucho tiempo en niveles negativos, pues por un lado la liquidez y la inflación se mantendrán elevadas, y por el otro, los tipos de interés seguirán deprimidos por la Fed. 

Los más optimistas estiman que el alza de tasas y su consecuente retiro de liquidez comenzarían a finales de 2022, pero incluso entonces, lo más probable es que sigamos teniendo tasas reales en niveles negativos, lo que – insistimos- seguirá favoreciendo a los activos de riesgo y a los verdaderos activos refugio como el oro y lo sbienes raíces.

En síntesis: más allá de especulaciones, lo cierto es que incluso si llegásemos a tener una corrección fuerte de los mercados durante el último cuatrimestre de 2021, más pronto que tarde tendremos un rebote que nos siga llevando a nuevos máximos históricos.

Ojalá que tengamos esa oportunidad de compra a mejores precios, pero incluso aunque no fuera así debemos seguir acumulando activos que se apreciarán todavía más por la inflación monetaria, que como ya vimos en el gráfico, no se puede detener.

Entre esos activos destacan marcadamente el oro y la plata físicos, los bienes raíces, las obras de arte, las materias primas, bitcoin y algunas criptomonedas. 

En épocas de inflación como la que estamos viviendo hay que seguir abandonando el barco del dinero fíat creado sin límites, para buscar verdaderos refugios de valor para nuestro capital. Es una cuestión tanto de sentido común como de supervivencia financiera.

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